martes, 9 de julio de 2013

El entrenamiento del legionario romano

Nuestra principal fuente de conocimiento sobre el entrenamiento del legionario romano viene de un texto tardío. Flavio Vegecio Renato (siglo IV e.c.) escribió un detallado tratado llamado "Epitoma rei militaris" ("Compendio de técnica militar") sobre el reclutamiento y entrenamiento del soldado romano, en el que trataba de mostrar la eficiencia del antiguo sistema en comparación del, considerado por él, decadente ejército tardo-imperial.

Reclutamiento:
Los aspirantes a legionarios romanos debían ir a una oficina de reclutamiento en la capital provincial para una entrevista supervisada por el dilectator -un oficial especializado en reclutamiento- y el pertinente examen médico. Al recluta se le exigen una serie de requisitos fundamentales para poder aspirar a convertirse en legionario romano.

El primero de ellos es la ciudadanía romana; los peregrinus -no ciudadanos- que deseen una carrera militar al servicio de Roma deben ingresar en las fuerzas auxiliares. Si algún esclavo o prófugo intenta alistarse en las legiones haciendose pasar por ciudadano y es descubierto terminará sus días en las minas, o bien será ejecutado para disuadir a otros.

Además, se debe estar soltero para poder alistarse. Se consideraba que la entrada en el ejército supone un divorcio sobre cualquier matrimonio anterior, al ser el matrimonio romano una unión civil y no religiosa.

En el examen físico se hace hincapié en la fortaleza corporal y buena salud del recluta. Se busca que posean todos los dedos, buena vista, genitales masculinos – lo que dejaba fuera de las legiones a mujeres o eunucos, aunque curiosamente, bajo Trajano aquellos que habían perdido un testículo podían alistarse mientras conservasen el otro-, y se preferían reclutas provenientes de profesiones acostumbradas al trabajo duro, como herreros, carniceros, cazadores y campesinos. Vegecio (Epítome, 1.3) y Tácito (Anales, 1.31) apuntan que estos hombres, al estar acostumbrados al trabajo duro y a la vida al aire libre, producían mucho mejores soldados que aquellos provenientes de las ciudades.
Así, un hombre joven pensado como apropiado para la guerra, deberá tener radiantes ojos, un porte erguido, un amplio pecho, hombros musculosos, fuertes brazos, dedos largos, un vientre modesto, pies y pantorrillas nervudas... 
-Vegecio I.5
En cuanto a la edad, todos los ciudadanos de entre 17 y 46 eran aptos para el servicio (según Aulo Gelio, 10.28.1), aunque la mayoría de reclutas tenían edades comprendidas entre 16/17 y 23 años. Sólo en épocas de graves crisis se aceptaban reclutas más jóvenes o mayores. Además, debían tener una altura mínima de 5 pies y diez pulgadas (entorno al metro setenta) aunque se sabe que si el recluta cumplía los demás requisitos esto último era muchas veces obviado.

Ayudaba mucho a conseguir el visto bueno el poseer buen carácter y tener una carta de recomendación de algún soldado veterano -normalmente un familiar o amigo-.

Si eran aceptados, recitaban el juramento militar, prometiendo obedecer a sus oficiales y no desertar. Sus documentos, junto a tres piezas de oro para gastos que posteriormente serían descontadas de futuras pagas, se les entregaban a un oficial que acompañaría a los nuevos reclutas hasta el campamento de la legión asignada.

Entrenamiento:
Allí, durante cuatro largos meses los nuevos reclutas entrenarían duramente para ganarse el ser legionarios (milites). Los que no superasen estos exigentes meses no serían aceptados en las legiones de Roma.

El entrenamiento comenzaba con las prácticas del paso militar, ya que nada es más importante tanto en la marcha como en la batalla que todos los soldados avancen juntos cuando se muevan (Vegecio, Epítome, 1.9). Además, debían marchar 20 millas romanas (unos 30 kilómetros) en cinco horas. Cuando marchaban a paso ligero debían cubrir 35 kilómetros en esas cinco horas, cargados con más de veinte kilos. Esta carga era sólo para preparar a los reclutas de lo que estaba por llegar una vez tuviesen que portar sus armas, armaduras y equipo de legionario (utensilios de cocina, estacas para la empalizada, herramientas para cavar y raciones para varios días). Aquellos que no podían mantener la formación durante el entrenamiento se encontraban con la dura vara del centurión como motivación para poder mantener el ritmo.

Equipo completo del legionario
La prueba final consistía en cubrir esos 35 kilómetros a paso ligero, rematada con la construcción del campamento nocturno con fosos y terraplenes incluidos.

Incluso ya como legionarios, estas marchas se practicaban al menos tres veces al mes durante los 25 años de servicio, lo que daba a las legiones una elevada movilidad para sorprender a sus enemigos, un factor muchas veces decisivo en la guerra.

Junto a estas duras marchas el legionario recibía un severo entrenamiento físico adicional con carreras, equitación y salto, además de natación cuando era posible. Las legiones del Danubio usaban este gran río para entrenar a sus reclutas.

Entrenamiento con armas:
Para este asunto usaban mayormente escudos de mimbre y espadas de madera, que pesaban el doble que sus originales. Evidentemente, se pensaba que si un soldado podía luchar eficientemente con estas armas de práctica tan pesadas sería el doble de efectivo con las adecuadas.

La espada de madera se usaba contra un recio poste de madera (palus), de unos seis pies de alto, más que contra los otros reclutas. Junto al palo el soldado entrenaba los diversos movimientos, ataques y contra-ataques con la espada. Los instructores eran llamados "doctores armorum", lo que recuerda que este tipo de entrenamiento típico de los gladiadores se acabó imponiendo en las legiones, muchas veces impartidos por veteranos gladiadores retirados, maestros en la armatura (el arte del combate o esgrima).
Por otro lado, el recluta debe adiestrarse en aquél tipo de ejercicio, que llaman “armatura” y enseñan los maestros de armas, cuya práctica se conserva en parte. En efecto se sabe, que también ahora luchan mejor en todo tipo de combates los que están entrenados en la “armatura” que los demás. De donde se puede deducir hasta qué punto es mejor el soldado ejercitado que el que no lo está, desde el momento en que los que han recibido algún tipo de instrucción en la “armatura”superan a sus compañeros en el arte de la guerra. Y la disciplina de este ejercicio fue observada tan estrictamente por nuestros mayores que a los maestros de armas se les recompensaba con doble ración y a los soldados, que habían aprovechado poco en aquel entrenamiento, se les obligaba a tomar en lugar de trigo cebada, y no se les volvía a dar su ración de trigo antes de haber demostrado con pruebas en presencia del prefecto de la legión, de los tribunos y de otros oficiales, que cumplían todo lo que requería el arte militar”.

-Vegecio 1, 13
Los reclutas eran aleccionados para que sus estocadas fueran directas y no en arcos, para que el enemigo no pudiera verlas venir y no tuviese tiempo de reaccionar. Los muslos, el estómago o el cuello eran los lugares donde el legionario debía apuntar. El gladius era una espada con una afilada punta y podía infligir graves heridas con estas estocadas. Los golpes más amplios sólo eran permitidos cuando un legionario estaba acorralado o acudía al rescate de algún compañero, pero no cuando estaban en formación. Así, las decapitaciones o desmembramientos con el gladius no eran tan normales en la batalla con las líneas cerradas, aunque sí cuando el enemigo huía y los legionarios los alcanzaban en la persecución. Aunque no estaba diseñado para ello, un gladius podía romper un cráneo o cercenar un miembro si era empuñado diestramente, pero esto queda bastante lejos de lo que las películas de Hollywood nos han querido mostrar.

Ejemplo práctico de la estocada directa con el gladius
Los instructores eran tan bien considerados que recibían el doble de raciones, mientras que los soldados que no mejoraban su esgrima las veían reducidas y no las recuperaban hasta que probaban ante un oficial de alto rango que alcanzaban lo exigido en el manejo de las armas. Como hemos visto, Vegecio comenta que los menos hábiles veían sus raciones de trigo sustituidas por cebada.
El ejercicio de la “armatura”, que hoy sólo se exhibe en el Circo los días de fiesta, lo aprendían con el entrenamiento diario no sólo los aprendices que están a cargo de un instructor, sino todos los soldados por igual. Pues la agilidad del cuerpo se adquiere con la práctica misma y también el saber herir al enemigo y el esquivarlo.”

-Vegecio 2, 23
Una vez completaban el entrenamiento inicial con la espada, los reclutas debían manejar la lanza, el pilum. De nuevo, las estacas de madera eran usadas como blancos, a los que los reclutas disparaban desde distintas distancias. No hace falta decir que el pilum de prácticas pesaba el doble que uno normal.

Legionarios en batalla lanzando los pila
El entrenamiento era tan importante que en invierno se acondicionaban edificios, o incluso se construían, para que los soldados pudieran seguir entrenando equitación, con el potro de madera, o con las armas.

Tras muchos días de prácticas con las réplicas, finalmente podían usar armas reales, las cuales deberían parecerles ahora mucho más ligeras. De nuevo, las largas estacas eran usadas para el entrenamiento, aunque finalmente los reclutas eran enfrentados en batallas simuladas con las armas envueltas en cuero para evitar heridas graves.

El centurión vigila una sesión de entrenamiento
Junto a todas estas habilidades marciales, los reclutas debían poder reunirse rápidamente en las formaciones básicas: línea simple, línea doble, cuadrado y cuña. Además eran entrenados en el uso de la famosa formación de tortuga (testudo), cuya resistencia era probada haciendo pasar un carro sobre ella. Esta formación permitía a los legionarios protegerse del fuego de proyectiles enemigos y avanzar.

Probando la fuerza del testudo
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Para saber más:
-Imperium Legionis, de José Sánchez Toledo
-La armatura: un ejercicio militar romano desde la perspectiva del Siglo IV, de Miguel Sancho, Universidad de Murcia
-Osprey Warrior  071- Roman Legionary 58 Bc-Ad 69 (2003)
-The Roman World: The Legionary (Oxford, 1988), Peter Connolly 
-A Companion To The Roman Army (Blackwell, 2007)
-Legionario. El manual (no oficial) del legionario romano (Akal, 2011), Philip Matyszak

6 comentarios:

  1. Este artículo es muy interesante, muchas gracias. Una pregnta, ¿cada cuanto hacían su entrenamiento?

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  2. Saludos Ana, la instrucción general duraba cuatro meses. Durante toda su carrera, tres veces al mes marchaban 35 kilómetros a paso ligero, rematada con la construcción del campamento nocturno con fosos y terraplenes incluidos.
    El entrenamiento con armas y en tácticas de lucha debía ser constante, y no sería raro que todos los días hubiese turnos de legionarios entrenando. En invierno seguían los entrenamientos en edificios acondicionados para ello, así que era algo casi continuo.

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  3. Como era el acondicionamiento de los antiguos,que tipos de ejercicios realizaban y usaban algun estilo de combate cuerpo a cuerpo sin armas??? Conocieron el pancrasio de alejandro magno?

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  4. Muy bueno el articulo.
    Una pregunta: esta demostrado que la resistencia de la testudo era probada haciendo pasar un carro sobre ella? Núnca lo había visto y es muy interesante saber mas detalle sobre este hecho

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    1. Es un dato aportado por el historiador Dion Casio, aunque es difícil saber si era algo puntual, una invención o una costumbre en el entrenamiento de las legiones. :D

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